sábado, 11 de junio de 2016
Venezuela: Entre el colapso anunciado y la realidad de la calle
Aram Aharonian
Según el Washington Post y
Los Ángeles Times, el enfoque de Washington ya no es el fin de los
gobiernos chavistas, pues ahora lo que más inquieta es una detonación de
violencia política. Lo más importante: los funcionarios de inteligencia
expresaron que Washington está decepcionado
por la falta de cohesión y capacidad de la oposición para crear una
estrategia conjunta.
Más acá de las presiones y confabulaciones, la
realidad económica de Venezuela es grave mientras se habla de un default
de la deuda externa o una declaración unilateral, como una vía para
enderezar entuertos, el pueblo sigue padeciendo
la crisis: la oposición no logra ganar la calle y el chavismo aún no
sale a exigir soluciones a un gobierno debilitado por la plagas de la
ineficiencia, ineficacia y la corrupción.
Lo cierto es que este Estados Unidos en etapa
preelectoral teme la posibilidad de un estallido en Venezuela, sobre
todo porque la paz en la región no la puede garantizar nadie: ni el
enclenque gobierno interino brasileño ni el del
“gerente” Mauricio Macri, de Argentina, preocupados por eventuales
estallidos en sus propios países. EEUU no está en condiciones, tampoco,
de afrontar otra zona de conflicto como la de Medio Oriente o la de
África.
Para el politólogo Leopoldo Puchi, las presiones
desde EEUU y la UE son “una intervención que distorsiona la situación
nacional, que polariza, cierra puertas y exige la capitulación de uno de
los factores internos. No se mueve por
principios y valores, que son manejados a conveniencia: si en una
protesta en las calles de París, Madrid o Baltimore es incendiado un
vehículo, los autores son castigados, pero si algo similar ocurre en
Caracas ya se sabe lo que dirá la Unión Europea sobre
´la libertad de conciencia´”.
Una doble moral, que al utilizar los derechos humanos
como instrumento de presión geopolítica obstruye las posibilidades de
reconciliación. Las demandas que se realizan para que Venezuela se
reintegre al dispositivo económico y militar
estadounidense representan una grave lesión a la soberanía nacional,
por lo que no pueden ser aceptadas como parte de una negociación. Es
difícil, pero posible alcanzar un acuerdo sobre espacios de poder entre
factores internos. Pero no cabe “una cuota” para
intereses extranjeros. En realidad, lo mejor, “no nos ayuden,
compadres”, agrega.
Venezuela es noticia y objeto de atención en primera
plana de un periodismo abocado al profetismo catastrófico, en parte como
cortina de humo para esconder el golpe blando en Brasil. Así se van
creando los imaginarios colectivos:
en Brasil no pasa nada (aunque es el verdadero epicentro de los
conflictos) y Venezuela arde…
Desde el papa Francisco y su diplomacia vaticana,
pasando por presidentes, exmandatarios, candidatos, parlamentos y
parlamentarios, ministros, funcionarios internacionales y, sobre todo
las corporaciones mediáticas interpretan, de
acuerdo a sus propios intereses, lo que acontece en el norte del sur,
en una guerra virtual con amenaza de no serlo por mucho tiempo.
No hay forma de descartar la conspiración de la
derecha internacional contra el país, con ejes –como desde hace 15 años-
en Madrid y Bogotá, siempre bajo la batuta de Washington. Según el
gobierno, se está montando un escenario de
violencia para justificar una intervención extranjera de carácter
militar. La campaña desestabilizadora se magnifica en los medios
internacionales cartelizados, en busca de justificar un golpe.
Hace seis meses que la derecha ganara las elecciones
legislativas, con la promesa de que la cola para ir a votar sería la
última que tendrían que hacer los venezolanos, en referencia a las colas
para adquirir productos básicos. Hasta
ahora, ni una idea, ni un proyecto (más allá del mamarracho jurídico
que es la ley de amnistía). Su única meta es la aniquilación del
chavismo como opción política, la desaparición de un sistema que ha
demostrado ser una alternativa válida al neoliberalismo.
El fin de la oposición venezolana, en sus tres
vertientes, es por el momento fabricar un clima de desestabilización y
caldear el ambiente hasta el extremo, ante el temor a las urnas, de
perder nuevamente en un eventual referendo
revocatorio o en unas elecciones presidenciales. Parece ser la
oposición la que necesita una salida alternativa a la electoral,
democrática.
Hay un sector que trabaja por el revocatorio,
liderado por el gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles
Radonski, otro que controla la actividad de calle, dirigido por Leopoldo
López desde la cárcel a través de su partido
Voluntad Popular, y un tercero, conformado por Acción Democrática y Un
Nuevo Tiempo, que controlan la Asamblea Nacional, manejan recursos y
cuentan con una amplia proyección mediática.
Los saqueos y las manifestaciones tienen el objeto de
generar una situación de caos, y a partir de ésta coronar el golpe de
Estado o una intervención extranjera.
Pero son conscientes de que, luego de lograr dicho objetivo,
deben detener la avalancha del pueblo en la calle y que la Fuerza Armada
Bolivariana no los reprimirá.
La crisis
Existe una escasez artificial por parte de grandes
intermediarios que, en vez de colocar los productos en los
establecimientos formales, hacen negocio con una red que se ha
denominado “bachaqueros”. Al mismo tiempo, se produce un
ajuste de precios de forma altamente especulativa, en la medida que los
precios de los bienes se pueden duplicar de una semana a otra,
obteniendo de esta forma un altísimo margen de comercialización.
La escasez programada forma parte de
una estrategia que han perfeccionado los grupos económicos, con la
esperanza de socavar el apoyo político del gobierno. “Las imágenes de la
gente haciendo cola desde tempranas
horas, de los rostros de frustración, de rabia y de profunda tristeza
porque el dinero no alcanza, se repiten en trasmisiones continuas por
las redes sociales y por las televisoras privadas. Los capitalistas, y
su liderazgo político de la MUD, están aplicando
una terapia de shock, para que la gente traumada acepte lo que sea,
incluso un gobierno de derecha”, señala el colectivo La Calle es
Nuestra.
A medida que avanza y se agrava la confrontación
entre el gobierno bolivariano y la oposición, el sistema de amenazas
entre uno u otro grupo dio paso a formas cada vez más violentas y a una
estrategia de deslegitimación política
y moral del adversario, un discurso de paz negativa, guerrero, que
pretende legitimar las acciones de cada grupo en procura de su visión de
paz, que expresa sus verdaderos intereses políticos o de otro orden,
señala la socióloga Maryclén Stelling.
La necesidad de aplicar la Carta Democrática (de la
OEA o del Mercosur) en contra de Venezuela, planificada por el Comando
Sur de Estados Unidos -según la Operación Freedom 2- reaparece
nuevamente, como cortina de humo del golpe
jurídico-policial-mediático- parlamentario en Brasil, y forma de
disciplinar a los países sudamericanos en la “estrategia de cerco y
asfixia” internacional contra Venezuela que, en definitiva es el camino a
deshacer los procesos de integración.
La mano invisible de Unasur
“Los buenos oficios de personalidades o instancias
extrajeras son positivos y saludables cuando las partes en conflicto de
un país se ponen de acuerdo para convocarlos”, señaló el diario mexicano
La Jornada, que a continuación indicó que “los desfiguros del
gobierno de Rajoy y los viajes provocadores a territorio venezolano de
individuos como Felipe González y Albert Rivera constituyen actos de
intervencionismo contrarios a la legalidad
internacional, el sentido democrático y el respeto a la soberanía
nacional de los países.
El marco identificado para estos acercamientos fue la
búsqueda del bienestar de todos los ciudadanos, la paz, la justicia, la
verdad, la convivencia institucional, el fortalecimiento de la
economía, la preservación del Estado de
Derecho, la democracia y el respeto de la soberanía nacional.
El “mejor camino para ayudar a Venezuela es el de la
convivencia democrática y el diálogo entre todos los venezolanos. Son
ellos y sólo ellos los que tienen el deber y la posibilidad de sacar
adelante a Venezuela”, señaló Unasur.
Colofón
Las imágenes de galpones, comercios, restaurantes
donde la inspección del gobierno bolivariano, con el apoyo de grupos
organizados de la comunidad, encuentran grandes cantidades de productos
acaparados (pasta, harina, café, aceite,
azúcar, detergentes, y etcéteras varios) son transmitidas por las redes
sociales y por el canal oficial, VTV. Pero estos productos siguen sin
llegar a los anaqueles.
Las diarias alocuciones del gobierno no logran calmar
la angustia a la gente, pero tampoco el discurso falso de la derecha,
agrupada en la MUD, logra convencerlos.
Se habla de salidas, hay “conversaciones”: hay
quienes especulan con un paso al costado de Nicolás Maduro y un gobierno
de “transición” (pero constitucional) dirigido por el vicepresidente
Aristóbulo Istúriz, hasta desembocar en
las elecciones generales, pasando a fin de este año por los comicios
para nombrar gobernadores y alcaldes.
Otros especulan –sobre todo desde el exterior- con un
golpe, palaciego o no… o la intervención de una fuerza multilateral
aupada por la OEA y/o –incluso- la OTAN.
Todos discuten sobre los padres de la crisis, muy pocos sobre cómo solucionarla.
-
Aram Aharonian es periodista y docente uruguayo-venezolano, director de la
revista Question, fundador de Telesur, director del Observatorio Latinoamericano en Comunicación y Democracia (ULAC).
Carta abierta a Donald Trump
Jorge Majfud
Nada nuevo, nada más lejos de la realidad. En las
cárceles de este país usted encontrará que los inmigrantes, legales o
ilegales, están subrepresentados con un cuarto de los convictos que les
corresponderían en proporción a la población
estadounidense. Por si no lo entiende: las estadísticas dicen que “los
espaldas mojadas” tienen cuatro o cinco veces menos posibilidades de
cometer un delito que sus encantadores hijos, señor Trump. Allí donde la
inmigración es dominante el prejuicio y el
racismo se incrementa y la criminalidad se desploma.
Verá usted, don Donald, que por siglos, mucho antes
que sus abuelos llegaran de Alemania y tuviesen un gran éxito en el
negocio de los hoteles y los prostíbulos en Nueva York, mucho antes que
su madre llegara de Escocia, los mexicanos
tenían aquí sus familias y ya habían dado nombre a todos los estados
del Oeste, ríos, valles, montañas y ciudades. La arquitectura
californiana y el cowboy texano, símbolo del “auténtico americano” no
son otra cosa que el resultado de la hibridez, como todo,
de la nueva cultura anglosajona con la largamente establecida cultura
mexicana. ¿Se imagina usted a uno de los padres fundadores encontrándose
un cowboy en el camino?
Cuando su madre llegó a este país en los años 30,
medio millón de mexicoamericanos fueron expulsados, la mayoría de ellos
eran ciudadanos estadounidenses pero habían tenido la mala suerte de que
la frustración nacional por la Gran
Depresión, que ellos no inventaron, los encontrase con caras de
extranjeros.
Esa gente había tenido cara de extranjeros y de
violadores (usted no fue el primero que lo supo) desde que Estados
Unidos tomó posesión (digámoslo así, para no ofender a nadie) de la
mitad del territorio mexicano a mediados del siglo
XIX. Y como esa gente, que ya estaba ahí, no dejaba de hablar un idioma
bárbaro como el español y se negaba a cambiar de color de piel, fueron
perseguidos, expulsados o simplemente asesinados, acusados de ser
bandidos, violadores y extranjeros invasores. El
verdadero Zorro era moreno y no luchaba contra el despotismo mexicano
(como lo puso Johnston McCulley para poder vender la historia a
Hollywood) sino contra los anglosajones invasores que tomaron sus
tierras. Moreno y rebelde como Jesús, aunque en las sagradas
pinturas usted vea al Nazareno siempre rubio, de ojos celestes y más
bien sumiso. El poder hegemónico de la época que lo crucificó tenía
obvias razones políticas para hacerlo. Y lo siguió crucificando cuando
tres siglos más tarde los cristianos dejaron de
ser inmigrantes ilegales, perseguidos que se escondían en las
catacumbas, y se convirtieron en perseguidores oficiales del poder de
turno.
Afortunadamente, los inmigrantes europeos, como sus
padres y su actual esposa, no venían con caras de extranjeros. Claro que
si su madre hubiese llegado cuarenta años antes tal vez hubiese sido
confundida con irlandeses. Esos sí
tenían cara de invasores. Además de católicos, tenían el pelo como el
suyo, cobrizo o anaranjado, algo que disgustaba a los blancos
asimilados, es decir, blancos que alguna vez habían sido discriminados
por su acento polaco, ruso o italiano. Pero afortunadamente
los inmigrantes aprenden rápido.
Claro que eso es lo que usted y otros exigen: los
inmigrantes deben asimilarse a “esta cultura”. ¿Cuál cultura? En un una
sociedad verdaderamente abierta y democrática, nadie debería olvidar
quién es para ser aceptado, por lo cual,
entiendo, la virtud debería ser la integración, no la asimilación.
Asimilación es violencia. En muchas sociedades es un requisito, todas
sociedades donde el fascismo sobrevive de una forma u otra.
Señor Trump, la creatividad de los hombres y mujeres
de negocios de este país es admirable, aunque se exagera su importancia y
se olvidan sus aspectos negativos:
No fueron hombres de negocios quienes en América
Latina promovieron la democracia sino lo contrario. Varias exitosas
empresas estadounidenses promovieron sangrientos golpes de Estado y
apoyaron una larga lista de dictaduras.
Fueron hombres de negocios quienes, como Henry Ford,
hicieron interesantes aportes a la industria, pero se olvida que, como
muchos otros hombres de negocio, Ford fue un antisemita que colaboró con
Hitler. Mientras se negaba refugio
a los judíos perseguidos en Alemania, como hoy se los niegan a los
musulmanes casi por las mismas razones, ALCOA y Texaco colaboraban con
los regímenes fascistas de la época.
No fueron hombres de negocios los que desarrollaron
las nuevas tecnologías y las ciencias sino inventores amateurs o
profesores asalariados, desde la fundación de este país hasta la
invención de Internet, pasando por Einstein y la
llegada del hombre a la Luna. Por no hablar de la base de las ciencias,
fundadas por esos horribles y primitivos árabes siglos atrás, desde los
números que usamos hasta el álgebra, los algoritmos, y muchas otros
ciencias y filosofías que hoy forman parte de
Occidente, pasando por los europeos desde el siglo XVII, ninguno de
ellos hombres de negocios, claro.
No fueron hombres de negocios los que lograron, por
su acción de resistencia y lucha popular, casi todo el progreso en
derechos civiles que conoce hoy este país, cuando en su época eran
demonizados como peligrosos revoltosos y antiamericanos.
Señor Trump, yo sé que usted no lo sabe, por eso se
lo digo: un país no es una empresa. Como empresario usted puede emplear o
despedir a cuantos trabajadores quiera, por la simple razón de que hubo
un Estado antes que dio educación
a esas personas y habrá un Estado después que se haga cargo de ellos
cuando sean despedidos, con ayudas sociales o con la policía, en el peor
de los casos. Un empresario no tiene por qué resolver ninguna de esas
externalidades, sólo se ocupa de su propio éxito
que luego confunde con los méritos de toda una nación y los vende de
esa forma, porque eso es lo que mejor sabe hacer un empresario: vender.
Sea lo que sea.
Usted siempre se ufana de ser inmensamente rico. Lo
admiro por su coraje. Pero si consideramos lo que usted ha hecho a parir
de lo que recibió de sus padres y abuelos, aparte de dinero, se podría
decir que casi cualquier hombre de
negocios, cualquier trabajador de este país que ha comenzado con casi
nada, y en muchos casos con enromes deudas producto de su educación, es
mucho más exitoso que usted.
El turco Hamdi Ulukaya era in inmigrante pobre cuando
hace pocos años fundó la compañía de yogures Chobani, valuada hoy en
dos billones de dólares. Algo más probable en un gran país como este,
sin dudas. Pero este creativo hombre
de negocios tuvo la decencia de reconocer que él no lo hizo todo, que
hubiese sido imposible sin un país abierto y sin sus trabajadores. No
hace muchos días atrás donó el diez por ciento de las acciones de su
empresa a sus empleados.
En México hay ejemplos similares al suyo. Pero
mejores. El más conocido es el hijo de libaneses Carlos Slim que,
tomando ventaja de las crisis económicas de su momento, como cualquier
hombre con dinero, hoy tiene once veces su fortuna,
señor Trump.
Señor Trump, la democracia tiene sus talones de
Aquiles. No son los críticos, como normalmente se considera en toda
sociedad fascista; son los demagogos, los que se hinchan el pecho de
nacionalismo para abusar del poder de sus propias
naciones.
La llamada primera democracia, Atenas, se
enorgullecía de recibir a extranjeros; ésta no fue su debilidad, ni
política ni moral. Atenas tenía esclavos, como la tuvo su país por un
par de siglos y de alguna forma la sigue teniendo
con los trabajadores indocumentados. Atenas tenía sus demagogos: Ánito,
por ejemplo, un exitoso hombre de negocios que convenció muy
democráticamente al resto de su sociedad para que condenaran a muerte a
la mente pensante de su época, Sócrates, por cuestionar
demasiado, por creer demasiado poco en los dioses de Atenas, por
corromper a la juventud con cuestionamientos.
Por supuesto que casi nadie recuerda hoy a Ánito y lo
mismo pasará con usted, al menos que redoble su apuesta y se convierta
en alguna de las figuras que en Europa pasaron a la historia en el siglo
XX por su exacerbado nacionalismo
y su odio a aquellos que parecían extranjeros sin siquiera serlo.
Seguidores siempre va a encontrar, porque eso también es parte del juego
democrático y, por el momento, no tenemos un sistema mejor.
Jorge Majfud es escritor uruguayo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)