sábado, 29 de octubre de 2016

EEUU: Las guerras sin fin

Marco A. Gandásegui, H.

Resultado de imagen para campaña electoral de eeuuALAI AMLATINA.- La campaña electoral en EEUU ha tomado un curso pocas veces – quizás nunca – vista en el pasado. Los dos grandes partidos políticos, el Demócrata –fundado a principios del siglo XIX – y el Republicano – a mediados del decimonono – se han colocado en posiciones políticas sin salida. Por un lado, Donald Trump, el especulador de Nueva York, se tomó el ‘Partido de Lincoln’ mientras que las elites (el ‘establishment’) jugaban con evangélicos, conservadores y una masa de trabajadores frustrados que terminaron dándole vuelta a la mesa.

El Partido Demócrata se contentó con presentar a la señora Hillary de Clinton como sucesora y continuadora del presidente Barack Obama. El poder financiero que controla la maquinaria del partido de FDR (Franklin Delano Roosevelt) al mejor estilo de la política mexicana del “gallo tapado” pretendió correr toda la distancia con su candidata imbatible. Las bases de su partido se rebelaron y se volcaron a favor de un viejo socialista quien presentó su candidatura a la Casa Blanca sin mayores pretensiones.

El ‘viejo’ senador Bernie Sanders hizo una campaña ‘esquizofrénica’ que le dio espléndidos resultados. Por un lado, atacó a los amigos de Hillary, dueños de Wall Street acusándolos de ser el 1 por ciento de los ricos que quieren acabar con la clase media y con el país. Su discurso se prendió a lo largo y ancho de EEUU y no pudo ser apagado, a pesar de los millones que invertía la cúpula agazapada en los bancos más grandes de Nueva York.

Por el otro, sin embargo, Sanders no atacó el flanco más débil de la ‘Secretaria de Estado’. Su falta de credibilidad y mensajes monótonos no fueron objeto de críticas por parte del candidato de la ‘izquierda’. Esta tarea la asumió el Partido Republicano y su candidato Donald Trump. Hillary tiene un largo historial desde cuando su esposo era el gobernador de Arkansas (en la década de 1980), después Presidente de EEUU (década de 1990) y cuando ella ganó un escaño senatorial a principios del siglo y renunció para ser la Secretaria de Estado de Obama. Un total de 30 años políticos escabrosos y llenos de problemas.

Trump no sólo le saca sus trapos sucios, acusándola de promover la pérdida de empleos y los tratados comerciales que exportan puestos de trabajo. También la coloca a la cabeza del grupo de ‘halcones’ liberales de Washington. La asocia a las guerras en el Medio Oriente, las amenazas a Rusia y el cerco contra China. Trump ha demostrado que Hillary es la peor candidata a la Presidencia de EEUU que pudo haber seleccionado la elite financiera del Partido Demócrata. Lo único que la salva es que Trump es aún peor. Desde la década de 1960 (Barry Goldwater), el Partido Republicano no ha tenido un peor candidato.

Trump ha alienado a vastos sectores del electorado norteamericano. Comenzando con los inmigrantes mexicanos, los negros, los musulmanes e, incluso, las mujeres. Según Hillary, el magnate de los casinos favorecería a los ricos con reformas tributarias y les daría contratos petroleros, minerales y forestales que destruirían el ambiente. La ex primera dama alega que Trump no tiene experiencia en política internacional y representaría un ‘peligro’ si llegara a tener las claves para desatar una guerra nuclear.

El problema que enfrenta el mundo actual es que ambos tienen razón. Hilary es asesorada por los ‘halcones’ más decididos a desestabilizar o a declararle la guerra a cualquier país que no se someta. Pareciera que en su orden del día está contener a China, arruinar a Rusia y, de paso, declarar las guerras necesarias para subyugar al resto del planeta.

Trump puede ser menos sofisticado pero sus objetivos son muy parecidos. Mientras que Wall Street y Hillary juegan a escala global, Trump tiene una visión más vinculada a la economía de EEUU. Sus enemigos son México y China que, en su opinión, juegan según las reglas de la banca financiera anglo-norteamericana. El discurso cae muy bien en los sectores más golpeados y frustrados en EEUU por la recesión económica casi permanente.

Este análisis, que no ha mencionado nombres propios, será ampliado en el XV Congreso Nacional de Sociología que se efectuará en la Universidad de Panamá la próxima semana. Los organizadores tendrán una mesa especial dedicada a EEUU y las aparentes guerras sin fin que ambos candidatos le prometen a sus electores. ¿Qué impacto tendrá esta política sobre Panamá y América latina?

- Marco A. Gandásegui, hijo, profesor de Sociología de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos Justo Arosemena (CELA) 

Brasil ya no será igual

Emir Sader

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ALAI AMLATINA.- Cualquiera que sea el desenlace inmediato de la más profunda y prolongada crisis que el país ha vivido, Brasil no saldrá igual, nunca más será el mismo que fue. Será mejor o peor, pero nunca más el mismo. La crisis devastó la credibilidad de todo el sistema político, liquidó la legitimidad del Congreso, propagó la falta de creencia en el Sistema Judicial e hizo que el pueblo sepa que no basta votar y ganar cuatro elecciones para que el mandato presidencial sea respetado. En resumen, lo que se creía que el país tenía como República, se terminó. Lo que se difundía que era un sistema político democrático, ya no sobrevivirá. O bien Brasil construye una democracia sólida – para lo cual el Congreso actual, esta Justicia, este monopolio de los medios de comunicación no podrán seguir existiendo como ahora – o el país deja realmente de vivir en democracia.

La derecha brasileña muestra su cara sin eufemismos. Al inicio alegaba que se trataría de un proyecto para “reunificar el país”, supuestamente dividido por los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT). Se valía de la pérdida de popularidad del gobierno Dilma, así como del Congreso más conservador y descalificado que el país ha tenido, como también del rol escandaloso y ya sin ningún pundonor de los viejos medios de comunicación, para destruir la democracia política que hemos tenido y promover un gobierno antidemocrático, antipopular y antinacional.

Muy rápidamente fue posible constatar que se trata simplemente de lo que se denunciaba por toda la región: el proyecto de restauración del modelo fracasado en los años 1990 con Fernando Collor de Mello y Fernando Henrique Cardoso, por un gobierno golpista y minoritario, contra el pueblo, contra la democracia y contra el país.

¿Cómo se va a pronunciar el Supremo Tribunal Federal sobre cualquier tema, si ha callado frente al golpe, puesto en práctica bajo sus narices, presidido en el Senado por su Presidente, que apoya todas las brutales ilegalidades que se practican? ¿De qué sirve una Justicia, un STF, que no está para impedir que un crimen en contra de la democracia sea perpetrado por el Congreso? Lo que hay es un silencio cómplice, mezclado con un vergonzoso aumento del 41% de sus salarios, concedido públicamente – con fotos en los periódicos -, por Eduardo Cunha, el político más corrupto del país, cuya impunidad solo se da por la complicidad de los que deberían punir, así como a tantos otros miembros del gobierno, incluso el presidente interino. Ya no habrá democracia en Brasil sin un Sistema Judicial elegido y controlado por la ciudadanía, con mandatos limitados y poderes circunscritos.

No habrá democracia en Brasil sin un Congreso efectivamente elegido y sin financiamiento privado, sin que represente a los lobbies elegidos por el poder del dinero. Un Congreso democrático tiene que estar fundado en el voto condicionado, por el cual los electores controlen aquellos en quienes han votado y que se comprometan con un programa y con un partido determinado.

En una democracia, todos tienen el derecho a la voz, la opinión pública no puede ser fabricada por algunas familias, que imponen su punto de vista al país, como si pudieran hablar en nombre del país, aun cuando han perdido cuatro elecciones presidenciales consecutivas. Nadie debe perder el derecho a hablar, pero todos deben tener el derecho a expresarse, sino, no se trata de una democracia, sino de la dictadura de una minoría oligárquica.

En una democracia un impostor no podría haber asumido la presidencia, aunque interina, por un golpe e imponer el programa económico derrotado cuatro veces sucesivamente, incluso en dos veces en que ese golpista estuvo en la lista vencedora, con un programa radicalmente opuesto al vencedor. Si ello ocurre, es porque la democracia fue herida de muerte, la voluntad de la mayoría fue desconocida.

Si el golpismo triunfa en el Senado brasileño, será necesario hacer que pague duramente el precio del atentado que está perpetrando. Que sus proyectos fracasen, que la vida de sus componentes se vuelva insoportable, que su banda de ladrones sea víctima de la ingobernabilidad. Que se ocupe y se resista en todos los espacios del gobierno ilegítimo, antidemocrático, antipopular y antinacional.

Es parte indisoluble de la resistencia democrática impedir cualquiera acción en contra de Lula, que representa los anhelos mayoritarios del pueblo brasileño, conforme las mismas encuestas que los golpistas han utilizado para buscar legitimidad popular, apuntan. Esta será la señal de que sobreviven espacios democráticos o no. Si logran blindar de tal forma su gobierno y constitucionalizar el neoliberalismo, habrán enterrado definitivamente cualquier señal de democracia en Brasil. En ese caso ellos tendrán el mismo destino de sus antecesores: serán tumbados, derrotados, execrados y un nuevo tribunal de la verdad los juzgará y los condenará por crimen en contra de la democracia. Serán derrotados por el pueblo, por la democracia, por el país, que construirán una democracia de verdad en Brasil.

La integración regional en disputa: Amenazas y debilidades en el regionalismo postneoliberal

Sergio Martín Carrillo
Resultado de imagen para REGIONALISMO POSTNEOLIBERALALAI AMLATINA.- Hace un par de semanas escribía sobre como América Latina se había convertido en la principal región en la construcción de la multipolaridad en el Sistema Internacional[i]. En esa construcción, sin duda alguna, jugaba un papel fundamental las nuevas orientaciones políticas y económicas que emanaban de lo que venimos denominando como regionalismo postneoliberal. Estos procesos de integración debían ayudar a consolidar los grandes cambios políticos, económicos y sociales acaecidos durante la última década, sin embargo, podemos observar que durante el último año, los procesos de integración regional y concertación política surgidos de la orientación política en la región durante la última década y media, están también en disputa.
El primero de los factores a tener en cuenta es el del cambio en la correlación de fuerzas en la región. El retorno de fuerzas políticas de derechas a algunos países de la región ha afectado sin ningún tipo de dudas al equilibrio de poder en la misma. Argentina y Brasil, las dos economías más grandes de América del Sur, han cambiado durante el último año a sus respectivos gobiernos. A esto podemos unir la difícil situación que atraviesa Venezuela a nivel interno, que ha impedido que Venezuela siga ejerciendo el liderazgo en la construcción regional tal y como lo había hecho durante la década anterior
Estos cambios al interior de los países, han tenido sus efectos en buena parte de los procesos de integración postneoliberal en la región. La UNASUR está sufriendo un debilitamiento paulatino y deliberado por parte de algunos países.  Hasta hace poco tiempo, la UNASUR, era el principal mecanismo que apoyaba al mantenimiento del orden democrático y constitucional en los países de la región, habiéndose quedado actualmente en un segundo plano ante los intentos desestabilizadores en Venezuela y la destitución de Dilma Rousseff. La UNASUR a través de la Secretaría General ha levantado la voz, sí, pero ya no ha contado con el apoyo unánime del resto de los Presidentes.
Por su parte, el MERCOSUR, parece querer volver a sus orígenes. Aquellos orígenes que en 1991 estaban claramente marcados por el auge del neoliberalismo en la región. Muestra de esto ha sido la paralización durante varias semanas del traspaso de la Presidencia Pro Témpore (PPT) a Venezuela, el retorno a la negociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unión Europea (UE) y la cada vez mayor sintonía con la Alianza del Pacífico. La CELAC, el foro que consigue aglutinar a todos los países del continente con las excepciones de EEUU y Canadá, también sufrió con la inasistencia de ciertos líderes a la última Cumbre presidencial que se celebró en enero de este año en Quito.… Acontecimientos que, si bien no buscan derrumbar los procesos, sí bajar su perfil o su orientación política.
El segundo de los factores que puede estar detrás de este debilitamiento de los procesos de integración es el marcado carácter intergubernamental de los mismos. Es cierto que la supranacionalidad de todas las instituciones se ha mostrado perjudicial cuando no existen las condiciones sociales, económicas y políticas de cohesión entre los países. Sin embargo, junto con el intergubernamentalismo para la toma de decisiones que afectan a la soberanía de cada uno de los países, es necesaria la creación y fortalecimiento de otras instituciones de carácter supranacional en aquellos ámbitos en que la heterogeneidad de los países no ponga en riesgo a la soberanía nacional.
Este tipo de instituciones ayudarían a construir ciertos mecanismos de irreversibilidad relativa que permitan lidiar con los intentos de debilitamiento de alguno de los países miembros. Algunas de las instituciones que se hacen necesarias en la región son: el Banco del Sur y del Fondo del Sur; mecanismos para la resolución de controversias a nivel regional y que no estén al servicio de los grandes capitales; creación de una Agencia Pública de Calificación que no esté a merced de los intereses especulativos; el fortalecimiento del comercio intrarregional con mecanismos propios como el SUCRE; y la ampliación o profundización de los proyectos y las empresas grannacionales.
Estas instituciones, a su vez, ayudarían a avanzar en otro de los grandes déficit de la integración postneoliberal y que constituye el tercer factor identificado de debilidad: la falta de integración productiva regional y concreción de una inserción diferente en la economía mundo. Se ha conseguido romper con el sofisma de la apertura comercial como punta de lanza de la integración regional, y en los discursos políticos han abundado las referencias al cambio de la matriz productiva y la complementariedad productiva entre los países de la región. Sin embargo, la realidad es que no se ha conseguido avanzar sustancialmente en la ruptura del modelo primario exportador y dejar atrás la tradicional División Internacional del Trabajo que ha condenado a los países de la región a su posición periférica.
La integración o complementariedad productiva, así como ciertas instituciones supranacionales, permitirían la creación de resistencias frente al intento de tabula rasa que persiguen los gobiernos neoconservadores en la región. Es rompiendo con las lógicas de la dependencia como se construye soberanía. La complementariedad productiva a nivel regional, frente a la competencia y el comercio desigual extraregional, deben cimentar la construcción de un verdadero polo de poder en la región, ya no sólo a nivel político, sino acompañado de un fortalecimiento equilibrado del rol de los países de la región en la economía mundial.

¿Qué tan certeros son los listados de paraísos fiscales en América Latina?


Jessica Portocarrero
 
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ALAI AMLATINA.- El escándalo de los Papeles de Panamá, considerado como la filtración de documentos más grande de la historia, reveló la creación de más de 200 mil empresas offshore a través de 21 paraísos fiscales, durante las cuatro últimas décadas, mostrando una vez más que el sistema financiero está configurado para socavar la economía mundial.
 
A través de la creación de empresas offshore, es decir, empresas o sociedades constituidas fuera del país de residencia, las empresas trasnacionales, los corruptos o los criminales han venido trasladando sus patrimonios hacia paraísos fiscales, confirmando así la existencia de una gran industria de empresas offshore encargadas de construir y tejer complejas estructuras empresariales que permiten ocultar recursos y activos, evadir impuestos y esconder dinero procedente de la economía ilegal.
 
Las empresas o compañías offshore son principalmente constituidas en paraísos fiscales dado los beneficios que estas jurisdicciones otorgan a los inversionistas. La baja o nula tributación, así como el secreto bancario son los principales atributos de estos territorios. Este último, especialmente, permite realizar transacciones financieras manteniendo la confidencialidad de la dimensión de sus inversiones así como la identidad de sus beneficiarios finales.
 
En los últimos 40 años, hasta el 2010, la riqueza privada escondida en paraísos fiscales se calculó entre 21 y 32 billones. En el caso de América Latina y el Caribe, este monto asciende a 2 billones de dólares, siendo México el país que registra mayor salida de flujos hacia paraísos fiscales.[i]  Lamentablemente, la proporción de riqueza depositada en paraísos fiscales es mucho mayor en el caso de países en desarrollo que en los países desarrollados.
 
Actualmente no existe una lista única de Paraísos Fiscales que identifique a países que brinden incentivos nocivos y altos niveles de secretismo. Cada país establece sus propios criterios al momento de definir si un territorio es considerado o no un paraíso fiscal, y en muchos casos, esta designación responde a un proceso o negociación política, más que a un análisis serio de las características regulatorias del país.
 
De cualquier forma, la clasificación más conocida y empleada es la realizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos –OCDE–, que en los últimos años ha dejado de considerar como paraísos fiscales “no cooperativos” a todas las jurisdicciones que se comprometían en implementar estándares de transparencia e intercambio de información. Es así que todas las jurisdicciones consideradas anteriormente como paraísos fiscales, hoy ya no son parte de la lista por haberse comprometido en mejorar la transparencia y el establecimiento de un intercambio efectivo de información en materia tributaria.
 
En el caso de América Latina, hemos analizado los listados de paraísos fiscales para Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Perú, República Dominicana, Uruguay. Todos ellos cuentan su propia lista de paraísos fiscales. Argentina y Ecuador cuentan con los listados más amplios de paraísos fiscales, con 93 jurisdicciones; seguidas por El Salvador con 78 jurisdicciones.
 
Los paraísos fiscales del Perú
 
En el caso de Perú, 43 jurisdicciones están presentes en su lista de paraísos fiscales, de los cuales el 30% están ubicados en América del Norte y el 27% en Europa. Según información de la SUNAT, administradora tributaria peruana, en el 2015 el paraíso fiscal más empleado por personas naturales y empresas fue las Islas Caimán, seguido por Hong Kong y Panamá[ii]. Las transacciones realizadas entre empresas con paraísos fiscales ascendió a S/ 13,700 millones, aproximadamente US$4,150 mil millones de dólares, de los cuales el 74.66% corresponde a transacciones hechas con Panamá, Barbados y Hong Kong.  Dichas transacciones se realizaron a través de mecanismos de precios de transferencia, vía generalmente empleada por las empresas transnacionales para facilitar la fuga de Flujos Financieros Ilícitos especialmente dentro de transacciones comerciales.
 
Para los países de América Latina analizados, 7 jurisdicciones están presentes en todas las listas nacionales de paraísos fiscales: Antigua y Barbuda, Bahamas, Dominica, Granada, Islas Cook, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía. Si comparamos estas listas con el Índice de Secreto Financiero de Tax Justice Network, encontramos una discordancia, ya que muchas son jurisdicciones opacas por las que transitan enormes flujos financieros pero no tienen una relevancia correspondiente a su nivel de inserción financiera mundial. Por ejemplo, Suiza solo está presente en el 20% de listas analizadas.
 
A nivel mundial se están tomando medidas para frenar el uso de los paraísos fiscales, así como el sacar provecho del secreto bancario a través de diversos mecanismos que permitan el Intercambio Automático de Información, entre ellas, la iniciativa de la OCDE, FATCA impulsado por EEUU, así como a través de diversos acuerdos de doble tributación. En el marco de la OCDE, 101 jurisdicciones han manifestado su compromiso con el intercambio automático de información[iii], que implicaría intercambiar información estandarizada de manera automática de todas las cuentas financieras de los residentes fiscales de dichos países, con una frecuencia anual.  México fue el primer país latinoamericano que manifestó en 2013 su intención de apoyar el modelo de intercambio.
 
Del mismo modo se viene empujando la iniciativa de contar con un registro de beneficiarios finales, que permita conocer quién, en última instancia, tiene el control de la empresa y se beneficia de ellas.
 
Lamentablemente estas iniciativas no contemplan que la información recolectada sea de acceso público lo cual limita la efectividad de las mismas logrando debilidad en su verdadero alcance e impacto. La apuesta de la sociedad civil es que esta información sea de libre acceso para que tanto los hombres y las mujeres de prensa, así como la sociedad civil tengan un rol fiscalizador sobre todo frente al poder corporativo.
 
Jessica Portocarrero – Latindadd

Cuando la verdad de la guerra se filtra en nuestro mundo de ilusiones

Jorge Majfud

Resultado de imagen para globalizacion digitalALAI AMLATINA,.- Umberto Eco, en alguna página de La definizione dell’arte (1968), decía que un objeto cualquiera que encontramos en la calle se resignifica al ser puesto en un museo. Su valor, artístico y semiótico, radica en la descontextualización. Algo similar habían entendido los formalistas rusos cuando a principios del siglo pasado analizaron la importancia de la (¿cómo decirlo?) agramaticalidad de un verso para arrastrar la atención del lector en la palabra imprevista, inusual. De esa forma, un engranaje, un sustantivo, cobraban un nuevo significado, más potente, más autónomo (los modernistas hispanoamericanos ya habían experimentado con esto en el siglo XIX).

Esta dinámica semiótica se confirma en los fenómenos de la globalización digital, donde interviene la fría indiferencia del fenómeno y la insoportable tragedia del dolor moral.

El reciente video donde se muestra la reacción sin llanto ni lágrimas de un niño víctima de los bombardeos aéreos en Alepo, Siria, se convirtió en eso que tan dudosamente se llama viral. Cada tanto el mundo se conmueve con estos rostros de víctimas inocentes. Un caso similar fue el de Aylan Kurdi, otro niño sirio ahogado en el intento de sus padres de llegar a las costas de Europa.

Ambas tragedias tienen, obviamente, muchos elementos en común. Pero ambas reacciones mediáticas también. Tanto en el caso del niño muerto en la playa griega de Kos como en el de Alepo, el elemento común que los convierte en “virales” es la descontextualización, no en el descubrimiento de ninguna verdad sobre las guerras en curso y los abusos ya tradicionales de la fuerza.

Desde la invasión de Irak y desde mucho antes (Vietnam, Líbano, Guatemala, Palestina, Sahara Occidental, Sierra Leona, Nigeria… por nombrar sólo unos pocos, los más olvidados de los últimos años) hemos visto niños cubiertos de polvo, despedazados y masacrados en números escandalosos. Ninguna de esas imágenes produjo las reacciones en masa que hemos visto en los últimos casos mencionados.  

¿Por qué?

Bueno, creo que no hace falta ser un genio para darse cuenta que la explicación, más allá de moral, es psicológica. En ambos casos, los niños extrapolaban sus dramas (lejanos para Occidente y para el Oriente y el Medio Oriente rico) a un contexto familiar, propio de países desarrollados o, al menos, no en guerra. La playa de Kos era una playa europea, alejada del conflicto; el guardia turco que lo recogió con sus guantes de látex, podía ser alguien que conocemos de nuestras playas occidentales.

Aún más evidente es el reciente caso de Omran, en Alepo.

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El primer elemento remarcable es la ausencia de llanto de Omran, la constatación de estar herido al tocar su cara y ver su mano ensangrentada. El gesto dolorosamente humilde de ese pequeño inocente que, casi como si no debiera, se limpia la sangre de su mano en el impecable sillón naranja y mira tímidamente a su alrededor. Su gesto significa, aunque sea por aturdimiento o confusión, todo lo que no esperaríamos de un niño de cinco años: la ausencia de llanto en medio de una tragedia que nuestros hijos nunca han vivido. Nuestros hijos saben llorar, y en un mundo consumista prácticamente lloran por todo. Omran ni siquiera puede darse el lujo de llorar.

Pero vayamos a un elemento menos evidente, aunque es lo primero que vemos: la composición de la imagen. El niño desdibujado por las heridas de los escombros y el polvo del ataque aéreo (cuyo objetivo era protegerlo; no vamos a poner en tela de juicio el buen corazón de las potencias mundiales) es sentado en un impecable sillón naranja, al lado de otros equipos impecablemente naranjas de los socorristas.

De por sí se establece un brutal contraste visual. Pero aún más marcado es el contraste simbólico: la fragilidad, la inocencia, extrapolada a nuestro mundo, el mundo moderno, impecable, funcional --civilizado.

Por transferencia simbólica, el niño pasa a ser uno de nuestros vecinos o uno de nuestros propios familiares viviendo una tragedia que no podemos contemplar sin conmovernos, sin movernos a contribuir en algo para aliviar esa tragedia, casi como alguien que le ofrece una aspirina a un enfermo de cáncer. Con todo, quizás, éste es el lado más positivo de toda la sensibilidad de aquellos que no viven en guerra.

Y, sin embargo, casi por norma, luego de la catarsis que nos demuestra todo lo bueno que somos, la mayoría siempre está dispuesta a olvidar o a hundirse en la inacción.

Me dirán que el juicio de “la mayoría siempre está dispuesta a olvidar” es injusto o arbitrario. Cierto, es muy difícil cuantificar este grupo; ni siquiera podría cometer la soberbia de excluirme. Sin embargo, a juzgar por la interminable tradición de guerras y contraguerras, de invasiones e intervenciones que normalmente preceden a las guerras civiles y a los grupos terroristas que en consecuencia florecen y se multiplican y luego justifican nuevas intervenciones y más bombas, parecería que, efectivamente, el poder siempre cuenta con una mayoría de indiferentes que cada tanto se conmueve hasta las lágrimas cuando descubre las consecuencias de sus malas elecciones de las que nunca llegan a aceptar ninguna responsabilidad.


- Jorge Majfud, PhD, Jacksonville UniversityCollege of Arts and Sciences.Division of Humanities.

sábado, 20 de agosto de 2016

OPNIS surcan cielos latinoamericano-caribeños

Adalid Contreras Baspineiro
 
Podrían, pero no son OVNIS
 
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ALAI AMLATINA, 04/08/2016.- OPNIS u Objetos Políticos No Identificados, es una sigla acuñada por Denis-Constant Martin para significar las expresiones mediante códigos simbólicos y lenguaje político por parte de los poderes y los partidos que encapsulan sus ejercicios en recipientes de cristal desde donde ven y se los ve, lejanos... y misteriosos.
 
Por estos sentidos que le calzan como anillo al dedo, el apelativo de OPNIS se suele emplear para caracterizar los esquemas de integración, espacios de ejercicio permanente de un poder concertado que nos ve y lo vemos, lejano, en recipientes que los han atrapado tradicionalmente en el “mundo vip” de las relaciones internacionales. Ciertamente, los OPNIS, digo los esquemas de integración del continente, pese a los esfuerzos que hacen para visibilizarse y apropiarse, para la mayoría de los ciudadanos de a pie pertenecen todavía al mundo de las “rarezas”. ¿Por qué? Entre otras razones porque no operan hacia adentro de las dinámicas nacionales, es decir que no se hacen parte del día a día de los aconteceres nacionales, dado que su espacio de realización está más bien en el de las representaciones diplomáticas, fronteras para afuera.
 
Los OPNIS, demás está decirlo, tienen en el desarrollo latinoamericano una importancia fundamental, mucho más significativa de la que se le presume, al punto que no sería errado afirmar que no es posible conceptualizar el desarrollo de los países de la región, ni del continente, sin reconocer los roles que juegan los llamados sistemas, o bloques, o esquemas de integración regional y subregional. Y más certera aún la afirmación que no existe un futuro posible para América Latina y el Caribe sin integración.
 
Si la diversidad característica del continente permitiera hablar de la existencia de una formación social latinoamericana-caribeña, ésta no podría caracterizarse ni en su pasado ni en su presente ni en su futuro, sin definir el papel político-económico articulador que juegan en su estructuración esquemas de integración territorial como la CAN, MERCOSUR, SICA, CARICOM, UNASUR y CELAC; o sistemas de cooperación supra-territorial como OTCA, Alianza del Pacífico o ALBA; y también entidades continentales articuladoras de idearios comunes como es ALADI en el ámbito del comercio.
 
Multi-OPNIS
 
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El regionalismo latinoamericano es profuso y complejo tanto porque para una inmersión en él es necesario respirar desde el manejo de las siglas de los diferentes esquemas y sistemas que lo componen conviviendo en su diversidad; cuanto porque para entenderlo es preciso un juego de articulación entre las dinámicas que imprimen las políticas nacionales en proyectos comunes y los movimientos de las políticas continentales que marcan los límites y posibilidades de los desarrollos nacionales y los integracionistas. Además, siendo los OPNIS productos y productores de procesos políticos, tienen que explicarse, necesariamente, en sus cambiantes contextos históricos.
 
Si consideramos el contexto continental actual, cuyas características se corresponden –además- con el contexto global, mundial, y cuya combinación incide en las posibilidades e imposibilidades integracionistas, debemos mencionar como uno de los elementos característicos de estos tiempos el de la multipolaridad, dimensión por la que el mundo se abre a la posibilidad de una multiplicidad de relaciones bilaterales entre países o entre estos y sistemas de integración de los cinco continentes. Estas relaciones, reforzadas por la reivindicación de las decisiones nacionales soberanas, pueden realizarse –y se realizan- sin la obligatoria mediación de los esquemas integracionistas. Los Tratados de Libre Comercio (TLCs) y el Convenio Multipartes entre la Unión Europea, Colombia y Perú, son una clara expresión de esta característica: se mueven en relaciones bilaterales que no solo saltan por encima sino que para legitimarse incluso desgarran las institucionalidades integracionistas, obligándolas a flexibilizaciones en su acumulado normativo para admitir relaciones nacionales individuales con terceros.
 
OPNIS soberanos
 
Resultado de imagen para organismos de integracion suramericanaPodríamos afirmar que el mundo, que necesita más que nunca de procesos convergentes entre países, paradójicamente se ha vuelto permisivo a las soberanías nacionales que son un producto de la afirmación nacional en decisiones propias y autónomas respecto a las condicionalidades de los poderes mundiales. Esto sin duda es enaltecedor para nuestros países, pero debe tener un procesamiento especial en su relación con los OPNIS, porque su operatividad conlleva un aligeramiento de las iniciativas de integración profunda para dar paso a visiones de la integración en su dimensión de pactos pragmáticos dirigidos especialmente a reforzar los desarrollos nacionales endógenos, minimizando así el rol de representación colectiva en las relaciones con terceros. En las estructuras institucionales los esquemas intergubernamentales se sobreponen a los supranacionales y los “brexits” sugieren transiciones desde las pertenencias hacia las ausencias, o desde los pactos integracionistas hacia pretendidas autosuficiencias nacionales.
 
A la imagen y medida de las posibilidades de cada país, las soberanías nacionales han sido la forma de respuesta de nuestros Estados a las vulnerabilidades que se generan por los impactos de la crisis internacional. Las distintas fórmulas aplicadas en el continente han permitido construir importantes escudos de resistencia y, en algunos casos, ponderables niveles de crecimiento y desarrollo de políticas sociales y ambientales. Hizo falta mayor integración para adoquinar con sostenibilidad el camino de la prosperidad y del Vivir Bien/Buen Vivir.
 
Como se sabe, el mercado internacional energiza su maquinaria para la eternización de nuestra condición de exportadores de materias primas y, en consonancia, los poderes internacionales presionan política y financieramente para una reprimarización de nuestras economías.  Aun así, nuestros países han logrado meritorios avances en la reducción de la pobreza y algunos han logrado sentar las bases para el cambio de sus matrices productivas y energéticas. Estas inéditas políticas inclusivas se han sabido reflejar en los esquemas integracionistas configurando un beneficioso cambio de paradigma, que gira de un regionalismo abierto estrictamente comercial a otro de integración integral, de carácter multitemático y multidimensional con atención de políticas convergentes en el ámbito social, cultural, ambiental y político. Estos esquemas han permitido además, como nunca, inaugurar la búsqueda creativa de formas de participación de los pueblos y las organizaciones ciudadanas en la integración.  
 
OPNIS heterodoxos
 
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Por décadas, las pertenencias de los países de la región a los sistemas de integración se han movido en fidelidades de pertenencia a un solo esquema, dándose por ejemplo que un país miembro de la CAN no puede serlo al mismo tiempo del MERCOSUR o viceversa, salvo como país asociado. En nuestros tiempos, las militancias integracionistas se han abierto en un abanico de bifurcaciones que hacen posible la doble o la triple o la multipertenencia en esquemas naturalizados por su vecindad territorial y/o en sistemas de convergencia temática, sectorial o ideológica. Es así por ejemplo que el Estado Plurinacional de Bolivia está legitimando su pertenencia a MERCOSUR sin dejar de pertenecer a la CAN, a pesar de ser dos uniones aduaneras distintas. En otros ámbitos, países miembros de ALBA son observadores de la Alianza del Pacífico, o países suramericanos se asocian a los esquemas centroamericanos y caribeños, o a la inversa.
 
¿Es esto bueno o malo?, ¿fortalece o debilita la integración? Pienso que los juicios no deben hacerse desde la perspectiva de la calificación o la descalificación, sino desde el reconocimiento que éstas son las formas que nuestro continente se está dotando para labrar su trabajosa convergencia. No olvidemos que somos un continente que nace a la vida republicana fragmentado; que las guerras independentistas no lograron forjar una sola gran nación; y que no es sino hasta entrado este siglo que los esfuerzos de unidad y de visualización de la Patria Grande son más evidentes, especialmente con la creación de UNASUR y la CELAC, sistemas que están tercamente formando un espíritu de reconocimiento y pertenencia a una ciudadanía suramericana y latinoamericana-caribeña agregada a las identidades nacionales.
 
¿Para dónde vuelan los OPNIS?
 
Resultado de imagen para organismos de integracion suramericanaHoy por hoy, el péndulo de la historia se inclina hacia el manejo de los poderes por las corrientes conservadoras, que en su afán por construir hegemonía asumen los procesos integracionistas con concepciones tradicionales que los encasillan en fines y acciones estrictamente comerciales con facilitaciones regionales de conveniencia mutua en políticas arancelarias, zonas de libre comercio, mercados comunes y uniones aduaneras. Para el regionalismo latinoamericano-caribeño, que había ganado en una tipología integral, este proceso conservador es inercial y de retorno no solo a un modelo aperturista que a pesar de sus fracasos sigue creyendo en las bondades del progreso y del crecimiento para el “chorreo” de excedentes, sino también porque la univocidad de este discurso tiende a secundarizar la existencia de otras cosmovisiones y políticas de Estado que habían amoblado las salas de decisiones con un espíritu integracionista basado en el pluralismo.
 
Sin lugar a dudas, los OPNIS, que ya empezaban a ganar visibilidad, podrían someterse a un proceso regresivo que tendrán que saber sortear, primero preservando sus acervos normativos, y siempre poniendo en el horizonte la integración como camino y destino para que nuestro continente se sitúe como actor protagónico en los espacios donde se deciden los destinos del planeta. Ya existen manifestaciones de posibles regresiones. Un caso reciente es la pretensión de desconocer el Tratado de Asunción y el Protocolo de Ouro Preto para impedir la Presidencia Pro Témpore de MERCOSUR en responsabilidad de Venezuela, siguiendo un sistema de rotación semestral por orden alfabético. Se buscan justificativos en la crisis venezolana, cuando son medidas que develan inocultables afanes regresivos con excesivo ideologismo que, por lo visto, no dudarían en desbordar el andamiaje ni desandar los caminos acumulados por los OPNIS.
 
Pero bueno, el péndulo se inclina pero no se vuelca a un solo lado, pues los actores caminan la historia en distintas direcciones que se suelen encontrar en puntos de convergencia. Estos son los puntos donde se tejen las solidaridades integracionistas. Países, pueblos, políticas nacionales y esquemas integracionistas hacen el equilibrio. Existe un acumulado que no tiene retorno sino proyección, UNASUR es un buen ejemplo de esta consistencia: es un foro reconocido de consensos democráticos en democracia; está trabajando por una ciudadanía suramericana con derechos complementarios a los nacionales; propone articulaciones plurales en cadenas sociales de valor; vela por la seguridad y la defensa de la región; articula físicamente por tierra, aire y ríos el Atlántico con el Pacífico y el Caribe; vela por la vida en el planeta y la preservación de nuestra identidad biodiversa; y del mismo modo que la CAN, el SICA, ALBA y otros OPNIS, sostiene una diversidad de iniciativas para la información y la inclusión de las organizaciones ciudadanas en la construcción de su institucionalidad.
 
Existe un acumulado que es menester preservarlo. Todo proceso regresivo en las características del regionalismo integral de la integración latinoamericana; todo intento de retorno a la participación solamente de los agentes económicos ligados al comercio; todo propósito de desandar la incorporación de los pequeños productores y sus formas de organización económica en la integración; cualquier mecanismo de secundarización de los procesos de transformación productiva; cualquier intento de desconocimiento del pluralismo basado en la diversidad; y todo propósito por debilitar nuestros estadios superiores de integración estarán llevando el vuelo de los OPNIS a una estratósfera inalcanzable para ciudadanos y autoridades.
 
Por el contrario, defender la integración latinoamericana y sus conquistas alcanzadas; legitimar espacios de representación continental conjunta en el escenario internacional; incluir elementos de supranacionalidad en las institucionalidades integracionistas; fortalecer los mercados comunes subregionales avanzando en convergencias a otro regional y consolidar los resquicios de participación de las múltiples organizaciones sociales representadas en organismos continentales, podría convertir a los OPNIS en objetos identificados, apropiados y también decididos en agendas comunes por sus ciudadanos junto con sus autoridades.
 
- Adalid Contreras Baspineiro es sociólogo y comunicólogo boliviano. Ex Secretario General de la Comunidad Andina - CAN